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Cómo las nuevas expectativas de disponibilidad cambian la manera de gestionar y operar los centros de datos

Kim Povlsen es Vicepresidente y Director General de Servicios digitales y Software para Data Center. Kim dirige un equipo de desarrolladores de software, ingenieros, gerentes de negocios y expertos de la industria de primer nivel, cada uno enfocado en llevar al mercado una solución innovadora y orientada al cliente basada en la nube. A través de su estilo de liderazgo pragmático y comunicativo, Kim fortalece las iniciativas en todas las organizaciones, lo que permite a su equipo crear soluciones de software líderes a través de procesos lean e impulsados por la innovación, enfocados en resolver los desafíos reales de los clientes.

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Según la trilogía de The Atlantic sobre el gasto de los hogares, en 1990 al menos el 90 % de los hogares estadounidenses tenían electricidad, estufa, coche, nevera, ropa, aire acondicionado, televisión en color, microondas y teléfono móvil. En el mundo occidental disponemos de la infraestructura y las redes necesarias para tener una mejor calidad de vida. Y, cada vez que enchufamos un aparato, lo hacemos confiando en que estará disponible la electricidad necesaria para que funcione.

La tecnología ha jugado un papel importante en la mejora de nuestras vidas y actualmente su consumo se extiende más rápido que nunca. Una nueva generación de usuarios expertos en tecnología ha crecido con la misma confianza en la disponibilidad y rapidez de Internet que la que tenían sus padres respecto a la electricidad. El contenido en sus muchas formas, desde el cine en alta definición y el streaming de televisión, a las redes sociales y los juegos, nunca debería estar a una distancia mayor que un dedo.

El resultado es que el tráfico digital crece a un ritmo exponencial (actualmente en torno al 23 % anual) a medida que nos sumergimos en la era conectada. No hace mucho tiempo, la mayoría del tráfico de un centro de datos lo generaban y transmitían los servidores de IT, los ordenadores de sobremesa y los dispositivos móviles inteligentes, la mayor parte de ellos ubicados en los lugares de trabajo. Hoy en día, los consumidores y especialmente las máquinas están ocupando su lugar. Echa un vistazo a esta entrevista reciente en la que hablo sobre las crecientes expectativas de disponibilidad de los centros de datos.

Las cifras hablan por sí solas a medida que esta tecnología facilitadora se incorpora a nuestras vidas de una manera ubicua: un tercio de la población mundial está conectado a Internet; cada minuto se reproducen 1,3 millones de vídeos online; en 2020 habrá 30.000 millones de dispositivos del Internet de las Cosas (IoT) comunicando datos; los aviones comerciales transmiten 40 TB de información cada hora durante el vuelo.

Los datos se han convertido en un recurso importante para las empresas. En consecuencia, crece el número de dispositivos equipados con sensores y conectividad móvil para proporcionar actualizaciones de estado continuas sobre su uso, el entorno, las alarmas, etc. Pero la nube no se diseñó para realizar y admitir estos requisitos.

Asimismo, la nube y su arquitectura formada por centros de datos centralizados serán cada vez menos adecuadas para las aplicaciones emergentes como los vehículos sin conductor. A medida que estos avances se produzcan y generalicen, los acuerdos de nivel de servicio (SLA) que ofrecen los proveedores de servicios en la nube no serán capaces de soportar los requisitos necesarios de latencia y ancho de banda, y mucho menos de satisfacer las exigencias normativas respecto a la seguridad y la protección.

La informática en el borde (o Edge Computing) también desempeña un papel fundamental en el entorno industrial, al permitir que el procesamiento y ejecución de los datos que se transmiten de máquina a máquina (M2M) se realicen más cerca de la fuente.

Mientras tanto, en el contexto de los consumidores, los datos (en forma de contenido) se ubican y distribuyen cada vez más cerca del punto donde se consumen mediante, por ejemplo, las redes de distribución de contenido (CDN). En cada una de estas aplicaciones, el requisito de disponer de altos niveles de resiliencia es tan importante como contar con una baja latencia y un gran ancho de banda para asegurar la satisfacción del cliente. Para obtener más información, puedes descargarte el informe técnico 256: Por qué el cloud computing nos obliga a replantearnos la resiliencia en el borde.

Tanto si los consumidores de estos servicios están sentados en un escritorio frente a un monitor o en un sofá frente al televisor, la clave para poder aprovechar estas ventajas será la capacidad de gestionar con mayor fiabilidad un entorno de centro de datos híbrido cada vez más complejo y ecléctico. De manera inevitable, el software y la automatización resultarán indispensables para satisfacer las expectativas de disponibilidad de esta nueva generación siempre conectada.


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